martes, 3 de mayo de 2011

Cómo llega la Fotografía a México en tiempos inciertos 1840 - 1848

El país: 1840 La incertidumbre.

Al inicio de la tumultuosa década de 1840, nadie apostaba por un futuro promisorio. A escasísimos diecinueve años de liberación del territorio nacional de la dominación española todo era incierto.

Las constantes amenazas de invación por parte de los Estados Unidos eran los temas recurrentes en los diarios de la Ciudad de México. Hacia 1836, con la Independencia de Texas, la nación había empezado a perder buena parte de sus vastedades. Por eso, la constante amenaza de expansionismo en el noreste del país, esto es hacia Nuevo México y la Alta California, era una amenaza real; territorios lejanos al centralismo endeble del poder mestizo y cercanos a las infinitas y voraces miradas angloamericanas. Y ésto no sería todo.

Unos meses antes, en marzo de 1839, el gobierno mexicano había firmado con Francia un acuerdo de paz en el cual aceptaba proporcionar facilidades al comercio francés y pagar los reclamos económicos que ésta nación le hacía. Esto era el resultado de un azaroso año en el que los puertos del Pacífico y del Golfo se encontraban bloqueados por la marina francesa a consecuencia de las reclamaciones, de seiscientos mil pesos por daños, que ciudadanos franceses hacían al gobierno de Anastacio Bustamante.

A este conflicto que dejó más débil a un ejército casi inexistente ( y a Santa Ana, que estuvo al frente de éste, sin su pierna izquierda), se le llamaría con ingenio "La Guerra de los Pasteles".

Mientras, como era de esperarse, la situación hacendaria era de desconcierto. El mismo bloqueo de puertos obligó a Bustamante a establecer impuestos por casi todo: por ejercicio de profesiones, propiedad de comercios, fincas urbanas y rurales, por educación, etc.

México, por tanto era una nación endeble. Y a este país lleno de incertidumbres llegarían los fotógrafos con sus aparatos daguerrotipos.

Los primeros días de 1840 trajeron consigo, aparte de un incesante frío, noticias que pocos siguieron y comprendieron. El Diario del Gobierno de la República en su edición del 10 de Enero de 1840 daba a conocer la llegada, a Veracruz vía marítima desde Havre, d eun cargamento que contenía tres aparatos de complicado nombre: Daguerreotypes, los cuales llegaban al país a solicitud de los comerciantes Laverger Hermanos.

En la misma barca, que entró el 3 de Diciembre de 1839 al puerto, volvía el comerciante francés Jean Francois Prelier Duvoille; conocido en México por su establecimiento "Casa del grabador" (segunda calle de plateros No. 9) que trajo entre otros artículos varios aparatos similares. Se introducirá, así, proveniente de Francia, el daguerrotipo a México.

Días más tarde el mismo Jean Francois imprime en el puerto de Veracruz (posiblemente los últimos días de diciembre de 1839) las que son de hecho las primera fotografías realizadas en  territorio nacional: El Palacio de la plaza de armas, el convento de San Francisco, La Bahía, El Castillo de Ulúa, y los Médanos al oeste de la Ciudad. Con ésta novedad la nación se integraba a la representación de imágenes que ya empezaba a propagarse en todo el mundo.

Muy pronto fue que la fotografía llegó a México proveniente de Europa. Aunque la primera imágen fotográfica fué tomada en 1826 por Nicéphore Niépce (una vista poco definible de unos tejados, y con ocho horas de exposición) tuvieron que pasar trece años, entre experimentos y fallas, para que el gobierno francés el 19 de agosto de 1839 diera a conocer en la Academia de Ciencias y Bellas Artes el invento. Este era el final de un primer tramo del camino: el Daguerrotipo se daba a conocer oficialmente y como propiedad del estado francés; las investigaciones iniciales de Niepce y los perfeccionamientos de Daguerre causaron inmediata sensación.

Pero la placa del Daguerrotipo, esa pequeña laminilla de plata como espejo montada sobre otra de cobre, muchos vieron un futuro próspero y otros su quiebra.

La imágen perdida: El Daguerrotipo en Querétaro.


A Querétaro se llegaba de la Ciudad de México por un peligroso, descuidado y tortuoso camino. El polvo, la sed, los dolores del cuerpo y el miedo a los asaltos eran los acompañantes del viaje. En lo incierto de estos desolados caminos sólo los contrabandistas, militares, desterrados o tercos aventureros se atrevían a viajar.

La mayoría viajaba en diligencias que hacían con buen tiempo, en dos días el recorrido. En un estrecho espacio interior, entre el suplicio y la incomodidad, se apiñaban hasta siete personas y en el pescante un viajero más y el cochero; se permitía una arroba de equipajey sólo si sobraba espacio se podía llevar algo más con su respectivo arancel. El precio no era nada accesible en estos años, 18 pesos en el interior y 12 en el pescante; el boleto de viaje era una especie de contrato en donde la empresa se desligaba de todo hecho imprevisto.

En unos de sus puntos, el más previsorio debido a los asaltos, advertía: "Ni los empresarios, ni los encargados d elos despachos responden de los robos, pérdidas o extravíos de equipaje o encargos, cualquiera que sea el interes que se verse". Pero en esos extensos caminos era mejor viajar así que solitario. Alguien sin embargo no viajará así. Varias imágenes, que no shan llegado hasta hoy, nos hablan de cómo realizaban sus trayectos los fotógrafos itinerantes de estos primeros años.

Con un enorme cargamento, no permitido en la diligencia, los daguerrotipistas llegaban a las poblaciones en una especie de carromanto de gambusino: tirado por caballos, éste era todo a su vez, cocina, cuarto de revelado y dormitorio, donde transportaban además su voluminosa novedad. Así viajaron los fotógrafos yanquis que se adentraron por el norte con las tropas norteamericanas, y aspi se realizó su recorrido seguramente Halsey quien trajo por primera vez, hasta donde se sabe, el Daguerrotipo a Querétaro.

A cinco días después de que Halsey se anunciara en la Ciudad de México, y sin haber cumplido su anuncio de permanencia de diez días en la misma, llegará a la Ciudad de Querétaro e instalará el primer estudio de que se tenga noticia en la capital del estado. La mañana del domingo 31 de Diciembre de 1848 el diario El Federalista (ahora llevado al margen : Federación y örden") dará a conocer el sig. aviso:

Retratos Fotográficos con colores.

El que suscribe tiene el honor de anunciar á eses ilustrado público su llegada de México y ofrece sus servicios por diez días como fotográfico á hacer retratos en miniaturas superiores a los que se han visto en esta ciudad hasta ahora, y por las grandes mejoras que ha hecgho en el arte, se sacan los retratos adentro del mismo cuarto, así evitando la necesidad de exponerse á la vista y curiosidad de nadie.
Las personas que deseen tener un verdadero retrato de sí mismas ó de alguno de su familia tendrán la bondad de pasar a su casa dentro (de) las horas de las nueve de la mañana a las cuatro de la tarde. Se garantiza siempre una perfecta semejanza y á la satisfacción de la persona, y los retratos van colocados en una bonita cajita de tafilete por el corto precio de cinco pesos. Se halla en venta en el mismo establecimiento un daguerrotipo superior con las instrucciones y todo lo necesario para sacar retratos y paisajes: También un Electrotipo, máquina para platear o dorar cualquier metal.

Vivo en la Posada Nueva Cuarto número 14
Calle de Santa Clara Número 7
F.R. HALSEY 

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